¿Cómo fundamos FR Café de la Finca?

Nuestra historia
Orígen de Nuestra Vocación Orgánica
Empezamos hace varios años cuando adquirimos una finca que se encontraba a la deriva por la crisis mundial en los precios del café. El panorama era desolador, ya que encontramos los cafetales cubiertos por la maleza, casi sin luz , y la roya ya había avanzado tanto que parecía no haber esperanza. Todas las plantas estaban enfermas o a punto de desaparecer. Era claro que ese lugar había pasado mucho tiempo en el abandono.
Aún así, decidimos comenzar con esta aventura aunque fuese prácticamente desde cero. No fue por una gran estrategia ni por un plan perfectamente armado. Fue más bien una mezcla de intuición, cariño por la tierra y la idea maravillosa de que algo bueno podía nacer de ahí. Sentimos que, aunque no podíamos cambiar el mundo entero, sí podíamos cuidar este pequeño espacio al regresarle la vida y hacer las cosas con conciencia y respeto por la naturaleza.
Y así fue como empezó todo: con el deseo de rescatar lo que todavía tenía oportunidad, con la esperanza de aportar nuestro propio grano de arena al mundo y su naturaleza, y con el compromiso de trabajar cada día para que nuestra finca volviera a florecer.

Sin experiencia previa en el manejo de una finca cafetalera y con solo conocimientos generales, tomamos la decisión de enfrentar el reto. A los cinco días de haber llegado, optamos por hacer un cambio radical en las estructuras de la finca y renovar por completo los cafetales e introducir variedades más resistentes a la roya.
La topografía de la finca nos llevó a planificar la nueva siembra siguiendo las curvas de nivel. El trabajo no fue sencillo, ya que los suelos volcánicos están llenos de piedras, pero poco a poco logramos abrir camino y preparar el terreno. Para iniciar, cortamos el cafetal anterior a un pie de altura. Aunque parecía drástico, esto nos permitió dos cosas: despejar el espacio para la nueva siembra y, al mismo tiempo, darle una última oportunidad a las plantas viejas que podrían brotar nuevamente sin afectar el proceso.
Ese corte era necesario. La roya es un hongo que se esparce fácilmente y al eliminar la mayor parte de la plantación dañada, también frenábamos su avance porque eliminamos la enfermedad. Era darle un respiro a la tierra para empezar de nuevo; esta vez con plantas sanas y fuertes.

Una vez que trasladamos el almácigo a tierra firme, el nuevo cafetal empezó a desarrollarse. Decidimos casi desde el inicio trabajar de manera orgánica, alejándonos de químicos y cuidando cada planta con procesos más limpios y respetuosos. El cafetal fue creciendo a paso firme y constante, las primeras recepas empezaron a dar frutos alrededor de los dieciocho meses; las plantas nuevas ofrecieron sus primeras cosechas poco después, cerca de los veintiséis meses, un tiempo relativamente corto gracias al buen trato que recibió el cafetal desde el principio y a las fértiles y maravillosas tierras volcánicas.
En Finca FR Cafetal Guatemala comprendimos que no tenía sentido producir café orgánico si, al venderlo a exportadores, terminaba mezclado con café tratado químicamente, así perdiendo su valor agregado real. Por eso, después de analizar pros y contras, decidimos seguir con el proyecto orgánico enfocándonos en el mercado local. Cabe mencionar que en Guatemala, la mayoría de cafés de alta calidad se va al extranjero, así que quisimos ofrecer aquí, en nuestro propio país, un producto que se valore y se disfrute como la población de Guatemala se lo merece.
Para lograrlo, fundamos nuestra primera unidad satélite FR Beneficio de la Finca y comenzamos el proceso de transformación del fruto. Esto nos permitió supervisar cada paso, desde el cultivo hasta el beneficio, con la meta clara de ofrecer un café de excelencia.















